Era raro el día que no había algún roce o pelea con los compañeros del colegio o los amiguitos del parque que no entendían esa forma suya tan efusiva de saludar o esos empujones porque necesita ser el primero en llegar a donde sea. Durante el juego le costaba esperar su turno y jugar de forma tranquila por esa razón, la mayoría de las veces, no era seleccionado entre los compañeros para jugar un partido de baloncesto o cualquier otra actividad en grupo.
Hacía gracias para que todos se riesen de él y ser el centro de atención pero cuando esas gracias perdieron todo su atractivo, comenzó a provocar a los demás - quitándoles cosas, chantajeándolos, interrumpiendo sus juegos … - . "¡Era una broma!" nos decía siempre, pero nosotros sabíamos que ya no sabía qué hacer para llamar la atención de sus iguales. Acabó jugando con los más pequeños, porque los dominaba, y era rechazado por sus compañeros.